En un lugar apartado, cerca del antiguo Jardín Inglés, en Battersea Park, Londres, se puede ver la estatua de bronce de un pequeño perro mestizo. La estatua fue erigida en 1985 pero sustituyó otra estatua, la original, que fue objeto de una gran controversia política y científica que tuvo como resultado disturbios y manifestaciones que se prolongaron durante siete años y dividieron a toda una nación.
La controversia comenzó en diciembre de 1902, cuando un anónimo perro mestizo marrón fue sometido durante varios meses a varias cirugías en vivo en un laboratorio de un College de la Universidad de Londres. El perro fue abierto, supuestamente sin anestesia y se le extirpó el páncreas y durante los siguientes dos meses estuvo confinado a una jaula donde aullaba y se quejaba, perturbando al personal de la universidad.

El acto final se llevó a cabo en febrero de 1903 en una sala de conferencias ante un grupo de estudiantes de medicina. El perro estaba tendido boca arriba sobre la mesa de operaciones y fue abierto de nuevo para inspeccionar el resultado de la primera operación. La herida se cerró entonces con pinzas y el animal se entregó a otro investigador, el cual abrió una nueva herida en el cuello del pobre animal, dejando al descubierto los nervios. Los nervios expuestos en el cuello se estimularon con electricidad para intentar demostrar que la presión salival era independiente de la presión arterial. Tras media hora recibiendo este tratamiento el experimento se consideró un fracaso y fue abandonado. A continuación el pobre animal fue entregado a un estudiante que puso fin a los sufrimientos del desgraciado perro clavando un cuchillo en su corazón.
Entre los asistentes al cruel experimento se encontraban dos mujeres suecas anti-vivisección que se habían matriculados como estudiantes con el fin de documentar este tipo de incidentes. Ese mismo año, las mujeres publicaron un libro titulado “Los desastres de la ciencia: Extractos del diario de dos estudiantes de Fisiología”, donde se exponían los crueles métodos de los investigadores.
El libro llamó la atención de Stephen Coleridge, secretario de la Sociedad Nacional Anti Vivisección, el cual se dio cuenta de que las leyes contra la crueldad no se cumplían durante la experimentación con los animales, los cuales no eran anestesiados, y se utilizaban en más de un experimento. Coleridge arremetió públicamente contra los científicos ante lo que William Bayliss, uno de los profesores que participó en la vivisección del perro, demandó por difamación Coleridge.

Reconstrucción de la vivisección realizada por William Bayliss en 1903 que se realizó durante el juicio de noviembre de 1903 en Londres. William Bayliss está de pie detrás de un perro en un tablero de operación, y a su derecha, Ernest Starling, junto con otros técnicos. Crédito de la imagen: archivos University College de Londres

Aunque Coleridge perdió el pleito, la publicidad que rodeó el juicio de lo que se llamó el “asunto del perro marrón” llamó vivamente la atención del público.
En 1906 un benefactor proporcionó los fondos necesarios para erigir una estatua conmemorativa en Battersea Latchmere, no lejos de donde se encuentra la estatua actual. La estatua representa a un perro sentado en posición vertical en la parte superior de una fuente de agua potable cilíndrica, que tenía bebederos separados para los seres humanos y los animales. La estatua llevaba una placa que decía:
“En memoria del perro Terrier Marrón llevado a la muerte en los laboratorios de la University College en febrero de 1903 tras haber sufrido la vivisección durante más de dos meses y después de haber sido transferido de un vivisector a otro hasta que con la muerte llegó su liberación.

También en memoria de los 232 perros viviseccionados en el mismo lugar durante el año 1902.

Hombres y mujeres de Inglaterra ¿cuánto tiempo durará esto?”

La estatua original del perro de Brown. Crédito de la imagen: Sociedad Nacional Antivivisección

Los estudiantes de medicina de Londres estaban molestos por el texto que se podía leer en la placa, debido a la naturaleza acusatoria de la inscripción. Atacaron repetidamente el monumento y se manifestaron en su contra. En noviembre y diciembre de 1907 miles de estudiantes de medicina se amotinaron en las calles, quemaron efigies e hicieron más intentos de atacar la estatua, lo que requería que la policía tuviera que desplegarse para controlar a la multitud. Muchos estudiantes fueron detenidos y multados y se puso vigilancia policial a la estatua. El ayuntamiento se cansó de la controversia y de la necesidad de vigilar el memorial, algo que ya estaba costando demasiado a la ciudad. El 10 de marzo de 1910 se retiró la estatua en silencio bajo el amparo de la oscuridad. 3.000 personas anti vivisección protestaron en Trafalgar Square y exigieron que se devolviera la estatua a su lugar, pero todo fue en vano.
Setenta y cinco años después, la Sociedad Nacional Anti-Vivisección y la Unión Británica para la Abolición de la Vivisección encargaron una nueva estatua y la colocaron en el parque de Battersea. Lleva la misma inscripción que la original, aunque en esta ocasión no hay una fuente de agua potable en esta ocasión.
Una manifestación el 19 de marzo de 1910 en Trafalgar Square para protestar por la retirada de la estatua.
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